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Crítica de Santi Echeverría (Diario de Navarra) a razón del concierto de presentación del CD "El Jardín de Yayyán" , el sábado día 3 de Junio de 2006 a las 20.30 horas en el Espacio Escénico de de la Casa de Cultura de Villava.
Concierto
del grupo Zorongo celebrado el sábado 3 a partir de las 20.30 h en el
Espacio Escénico de la Casa de Cultura de Villava. Apenas cinco minutos
de retraso. Una hora y cuarenta minutos de actuación con tres bises
incluidos y parte del público puesto en pie al final.
Zorongo son Edurne Aizpún, flauta travesera, jaleos y coros; Diego Belzunegui, piano eléctrico, María Echeverría, voz soprano; J.L. Gómez “Koki”, saxos, coros y cajón flamenco; Ekhi Ocaña, flauta, coros y cajón flamenco; Urko Ocaña, guitarras, jaleos y coros; Amaia Pardo, violoncello; Davod zarzosa, contrabajo eléctrico y Paco Ocaña, recitado. Acompañados para esta ocasión por Cecilia Otaegui, violín; Idoia Ros, violoncello; Iñigo Porto, bajo elétrico, Ion Uribetxeberria, percusión; Marta Huarte, Aitziber Etxarri e Itxaso Moriones, coros y Miren Ripa, danza.
Simplificar en la definición de la que es la propuesta musical de Zorongo y definirla como evolución del flamenco sería quedarse a las puertas de todo y sin la esencia de nada.
Porque Zorongo en el 2006 ha crecido musicalmente de forma exponencial, geométrica. Ha crecido en formas y contenidos, también en la familia de timbres instrumentales y vocales que suman y que deleitan en cada escenario regalando ese concepto tan buscado de una música con un buen grado de complejidad pero que sabe llegar, que es accesible y que posee la gran virtud de no caer ni en “tópicos” estilísticos ni en facilidades para la galería.
Zorongo asume culturas musicales, las integra y además tiene la osadía de tomar riesgos instrumentales, aunque en ocasiones pisen sobre una cuerda especialmente fina que se cimbrea al viento con el riesgo de la caída del equilibrista. Pero es tan bello el esfuerzo, tan eficaz el tono de trabajo de toda la familia zoronguita que a pesar de las mínimas tachas en ejecución esa apuesta finalmente siempre sale airosa, dichosa, diáfana y feliz. Pues olé, ea!
Detrás de la música además hay un claro y firme mensaje de interculturalidad, de respeto desde la opción del conocimiento, de paz y de aprecio por aquello que se ha ido sirviendo en el hecho cultural-musical de la península ibérica. Demasiados siglos de convivencia entre cristianos, judíos y árabes se han sucedido en la vieja piel de toro como para no tenerlos en cuenta. Zorongo los tiene y realiza con El jardín de Yayyán, su segundo disco que presentó tema a tema en Villava, un ejercicio de síntesis de la tradición desde un lenguaje musical contemporáneo.
Con Zorongo cabe disfrutar del ambiente sonoro tanto como del espectáculo instrumental. A pesar de reunir tantos timbres entre vientos, voces y cuerdas las piezas encajan. Todo se arma sobre una base rítmica con abundante brío en el que los patrones marcados por los cajones flamencos ganan mucho oxígeno con las congas, derbukas y se rematan en platos y cortina. Ekhi es una lanzadera de melodías, un seguro de vida instrumental, que jalea a sus huestes para que tomen constantes relevos. Diego en el piano crece y se crece y añade su punto latino, ya jazzero, a ese sentimiento flamenco que está aprendiendo a desarrollar. Urko es un valiente y a su esencia flamenca suma su celo por el blues y hasta el rock trianero. Edurne aparece tímida pero se hace fundamental para armar la armonía de los vientos. Porque “koki” entra y sale con la gracia del que tiene, a pesar de su juventud, experiencia de jazz y un corazón que arde. Parece el maestro Iturralde cuando se fogueaba en sus primeros tiempos. Y el resto de zoronguitos suma mejor que bien para bañar de detalles y de arreglos a una música hermosa y elegante, que en los ritmos se recrea desde palos como alegrías, tanguillos, fandangos o rumba y apunta al jazz, a veces incluso con un punto cool. En Villava con Zorongo se pudo respirar desde la música sefardita a un homenaje a los mitos de Paco de Lucia y Triana en los bises.
Música por encima de todo, mensaje implícito y un lujo
encima del escenario.
Santi
Echeverría